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“Bendito aquel cuya fama no hace palidecer el brillo de la verdad.” – Rabindranath Tagore.

 

Para nadie en Morena es un secreto que en los próximos meses se vendrá la noche al interior de ese instituto político.


 

La crisis producida por la determinación de quién será el sucesor o la sucesora del presidente Andrés Manuel López Obrador provocará un gran cisma al interior del movimiento.

El escenario que se avecina será un importante ejercicio para evaluar la capacidad del propio movimiento a reestructurarse y sobre todo poder aglutinar en la figura que lleve la venia del gran líder moral del movimiento.

De los aspirantes –denominados peyorativamente corcholatas por el mismo Ejecutivo Federal- los más conocidos: Marcelo Ebrard, Claudia Sheinbaum Pardo, Adán Augusto López Hernández, Ricardo Monreal Ávila, habrá de salir el responsable de esa primera gran escisión.

El presidente López Obrador ha ido encargándose poco a poco de hacer evidente el aislamiento de uno de estos aspirantes naturales a sucederlo, las razones de sacarlo y abrirlo de sus planes, solo él las conoce.

Se afirma, que Don Andrés no confía en la capacidad autónoma de Monreal, por ser una mente brillante y sobre todo por tener un criterio propio, por haber sido siempre un político independiente que le acompañó en el movimiento, pero que sabe que no se prestaría a continuar con su juego de dictar las directrices al más puro estilo de Don Plutarco Elías Calles.

Y es que, si Calles impuso el “Maximato” ese periodo histórico y político de México que abarcó desde 1928, con el gobierno de Emilio Portes Gil como presidente interino del país, hasta 1934, con el inicio del gobierno de Lázaro Cárdenas –quien con gran atino y arrojo lo montó en un avión y lo exilió del país-.

Él porque no habría de aspirar a imponer un régimen así, porque es evidente que para él, la centralización de las decisiones lo es todo, delegar no es lo suyo, y si lo hace, lo tiene que hacer con quien no le contrarie las decisiones, cosa que evidentemente Monreal no cubre.

Así el tabasqueño seguramente pretende continuar controlando lo que para él es su logro y de nadie más, es la visión del héroe de la revolución, es la visión de Castro Ruz, de Hugo Chávez, de Daniel Ortega y porque López Obrador no habría de actuar con la misma audacia.

Así los días de Ricardo Monreal en Morena están contados, ya lo dijo, si en el partido se impone la determinación de sacar al candidato vía encuesta, simplemente no habrá cabida para mí y lo que es lo mismo, yo no me quedaré hacer el ridículo con la inminente cepillada que le habrán de dar en el proceso.

Por eso, a Monreal se pudiera adjudicar ese primer gran cisma.

Un cisma necesario en un partido político que requiere democratizar sus procesos, porque el cuento de usar la “tómbola” y de ahí sacar al próximo presidente de México sería tanto o más que jugar a la ruleta rusa con todas las recamaras del revólver llenas de balas.

La pregunta será ¿le alcanzará a Ricardo Monreal para atajar los planes e intereses del gran tlatoani?

Usted tiene la mejor de las respuestas.

 

Al tiempo.

 

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Twitter: @LuisBaqueiro_mx

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