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“¡Era una prófuga de la justicia!”, argumenta Cuitláhuac García.

Esta mañana la opinión pública entendió que, con autorización del Tlatoani y el apoyo de la Guardia Nacional, se consumó la reaprehensión de la jueza Angélica Sánchez en un acto proselitista de quien la alcahueteó tramposamente, el presidenciable Ricardo Monreal.
Angelica Sánchez mal aconsejada por el abogado Tomás Mundo Arriasa y embelesada por haberse convertido de la noche a la mañana en “Reina por un Día” de las redes, los noticieros nacionales y la prensa internacional, fue acercada a Monreal quien aún presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República, compró el pleito.


 Ayer mismo durante la firma de un convenio con la Barra Mexicana Colegio de Abogados, el hoy aspirante presidencial saludó a Angélica Sánchez:
“Bienvenida jueza y yo le deseo que nada interrumpa su independencia, su criterio y que no haya ningún acto que perturbe su libertad y su actitud de resolver conforme a los elementos que tenga el expediente. Enhorabuena y aquí estamos a sus órdenes. Mi solidaridad con usted jueza”.
La engolosinada jueza aceptó incluso de Monreal una invitación para esta mañana en la ciudad de México -la cual el inteligente y sagaz Cuitláhuac García interpretó como “fuga”- provocando la molestia presidencial, no contra el Cui, ni contra la jueza, sino de López Obrador contra Monreal que se tradujo en la reaprehensión.
Es así, que ministeriales de Veracruz, apoyados por elementos de la Guardia Nacional, detuvieron a la jueza en el Centro de la Ciudad de México en un acto público del aspirante Monreal.
El hecho, tal como señala el columnista Armando Ortiz, pone al descubierto dos aristas interesantes:
“La afrenta de Cuitláhuac García en contra de Ricardo Monreal sigue. Dos, el presidente López Obrador está de acuerdo con esta detención por demás arbitraria”.
Pero además debió ser la Fiscalía General de la República, “no la Guardia Nacional, la que debió apoyar a las autoridades de Veracruz para detener a la jueza, aprehensión que “López Obrador aplaude estas arbitrariedades y las celebra”.
El trasfondo, en efecto, desvela la bien consabida política abusiva y consuetudinaria violación a la ley ahora en contra de Angélica “N”, como “presunta responsable de los delitos contra la fe pública y tráfico de influencias, cometidos en agravio de la fe pública y del servicio público respectivamente”, según la Fiscal Verónica Hernández Giadans.
Ello a pesar de que, en esencia, en el fondo de todo este cuento, a la jueza se le armó todo un entramado por conceder el amparo a una persona señalada como presunto responsable del asesinato del diputado Juan Carlos Molina.
“Y eso no se podía quedar así”, defiende el gobernador al justificar la aprehensión de la que se “fugó”.
Lo de Angelica es la resultante del nuevo berrinche de Cuitláhuac que su papá le consiente.
Es, en otro sentido, el repetido error de Angélica por dejarse aconsejar por quien finalmente la empinó al llevarla a una tribuna nacional con la cual López Obrador está a disgusto.
Monreal es una corcholata oxidada en contra de la voluntad presidencial y mientras más se mueva más habrá de caminar al pantano, con él quien se le alíe.
Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo

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