Xalapa, Ver.- En Veracruz, la violencia sigue a pesar del despliegue de fuerzas militares durante la administración de la gobernadora Rocío Nahle, quien ha reforzado con más de 10,000 elementos de seguridad sin lograr contener los focos de crimen organizado en diversas regiones del estado.
La estrategia de militarización en Veracruz, dirigida por la gobernadora Rocío Nahle, ha sido una respuesta a la escalada de violencia que asola al estado, especialmente en las regiones norte y sur. A más de ocho meses de iniciada su administración, y con el despliegue de más de 10 mil efectivos militares, de la Guardia Nacional y policías ministeriales, los índices de criminalidad aún no ceden debido al dominio del crimen organizado.
Alineada con la política federal de seguridad, la gobernadora Nahle acoge la estrategia de despliegue militar impulsada por el gobierno de Claudia Sheinbaum. Sin embargo, a pesar de contar con un aumento en las fuerzas de seguridad y operativos específicos en municipios considerados focos rojos, como lo demuestra el reciente despliegue en Veracruz, Boca del Río y Coatzacoalcos, los resultados en la mejora de la seguridad pública son dispares.
Los últimos reportes de seguridad en Veracruz destacan un preocupante aumento en delitos de alto impacto, como extorsiones y homicidios, haciendo de la región norte del estado un territorio especialmente conflictivo. Hechos recientes, como el hallazgo de restos humanos en Papantla y las persistentes extorsiones, siembran incertidumbre respecto a la efectividad de la actual política de seguridad.
A pesar de lo mencionado, el gobierno de Veracruz insiste en la coordinación estatal y federal como un pilar para enfrentar la ola de criminalidad. Mientras enfrentan retos locales, expertos señalan que aunque la militarización aumenta la percepción de seguridad, no garantiza una baja en la violencia en el corto plazo, dejando a la sociedad veracruzana cuestionando la eficacia de las acciones emprendidas.
