Coatzacoalcos, Ver.-
La gestión municipal de Pedro Miguel vuelve a brillar por lo que no hace: sabía, calló y dejó que el petróleo hiciera su trabajo; reuniones hubo, previsión dicen, pero la alerta nunca llegó; mientras tanto, pescadores y comerciantes pagan el costo de una omisión que huele más a cálculo político que a incapacidad técnica.
El derrame de hidrocarburo que alcanzó distintas franjas del litoral sur de Veracruz no tomó por sorpresa a las autoridades locales. De acuerdo con declaraciones del propio alcalde, existieron encuentros previos con instancias federales, ambientales y de protección civil, lo que sugiere conocimiento anticipado del riesgo sin que se tradujera en acciones preventivas públicas.
La ausencia de un aviso oportuno dejó expuestos a los sectores que dependen del mar. Redes, embarcaciones y equipos de trabajo quedaron contaminados, afectando directamente la actividad pesquera y, en cadena, a negocios vinculados al turismo y la gastronomía. La reacción ciudadana, más que la institucional, marcó el inicio de las labores de contención.
Cuando el impacto ya era visible en playas y comunidades, el ayuntamiento activó medidas tardías. Personal municipal participó en tareas de limpieza con apoyo logístico de empresas contratistas, mientras se confirmaba que la magnitud del derrame superaba cualquier intento de minimizarlo como un evento menor.
El episodio exhibe no solo fallas en la gestión de riesgos, sino también una narrativa oficial que oscila entre la omisión y la minimización. La falta de advertencia temprana amplificó los daños y abre cuestionamientos sobre la responsabilidad de las autoridades locales y estatales ante un evento con consecuencias ambientales y económicas aún en desarrollo.