Ciudad de México.- El otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a la venezolana María Corina Machado desató la polarización en México, entre alabanzas de la oposición y acusaciones de intenciones “golpistas” por parte de la izquierda.
Mientras los sectores de la derecha y gran parte de la oposición celebraron lo que consideran un justo reconocimiento a Machado por su lucha contra el régimen de Nicolás Maduro, desde la izquierda y el oficialismo han surgido serias críticas, denunciando sus presuntos vínculos con el extremismo internacional.
La decisión del Comité Noruego del Nobel ha reavivado un debate latente en México, donde el temor a que el país se convierta en una especie de “dictadura chavista” está arraigado en ciertos sectores de la oposición. Personajes como el empresario Ricardo Salinas Pliego han expresado su apoyo a Machado, considerándola un símbolo de resistencia contra lo que denominan un régimen autoritario en México, encabezado por el partido Morena y su proyecto de la Cuarta Transformación.
Al mismo tiempo, figuras políticas conservadoras como el expresidente Felipe Calderón y su pareja Margarita Zavala se han sumado a las congratulaciones, destacando el coraje y determinación de Machado. En contraste, desde la izquierda, y con notable reticencia, diversas voces han manifestado su rechazo, tachando a la galardonada de golpista, especialmente por sus llamados a la intervención extranjera para derrocar a Maduro.
En este contexto tenso, la presidenta Claudia Sheinbaum tomó un enfoque diplomático, evasivo, al subrayar la importancia de la soberanía y autodeterminación de los pueblos, evitando un posicionamiento claro en torno a Machado. “Sin comentarios”, dijo al ser cuestionada sobre el Premio Nobel de la Paz conferido a la política venezolana.
El episodio refleja no solo la complejidad política de Venezuela, sino también la profunda división que persiste entre las facciones políticas mexicanas, capaces de disputar incluso reconocimientos internacionales.
