
Washington.— La entrega de 29 narcotraficantes por parte de México a Estados Unidos fue presentada por Donald Trump como un logro de su estrategia de aranceles, pero el presidente estadounidense dejó claro que espera más: mayor control del tráfico de fentanilo y un freno a la migración irregular.
En su discurso ante el Congreso, Trump se jactó del impacto de su política: “Por miedo a los aranceles nos entregaron 29 personas, poderosos delincuentes y jefes de estos peligrosos cárteles. Eso nunca había pasado. Ellos nos quieren hacer felices. Pero necesitamos que México y Canadá hagan mucho más”.
El mandatario insistió en que los cárteles representan una amenaza terrorista y justificó la reciente designación de estos grupos como Organizaciones Terroristas Foráneas, poniéndolos al nivel de ISIS. “Eso no será bueno para ellos, se los puedo decir”, advirtió.
Más deportaciones y aranceles como presión
En la misma línea, Trump adelantó que planea la mayor operación de deportaciones en la historia de Estados Unidos y, sin dar cifras, aseguró que en las seis semanas de su nueva administración se ha reducido la migración irregular a niveles récord.
“Nos decían que necesitábamos nuevas leyes para controlar la migración ilegal. Resulta que lo único que se necesitaba era un nuevo presidente”, lanzó, lo que desató la ovación de los republicanos en el Congreso.
Sobre los aranceles del 25% impuestos a México y Canadá, Trump aseguró que son una herramienta efectiva y dejó abierta la posibilidad de nuevas medidas. “Es nuestro turno de usar los aranceles contra países que se han aprovechado de nosotros. Ya no más”, sentenció.
También advirtió que si México o Canadá responden con medidas similares, su gobierno impondrá aranceles recíprocos de inmediato. “Lo que nos impongan, se los impondremos a ellos. Así de simple”, afirmó.
Algunos capos podrían enfrentar la pena de muerte
El Departamento de Justicia de Estados Unidos confirmó que entre los 29 extraditados se encuentra Rafael Caro Quintero, buscado por el asesinato del agente de la DEA Enrique “Kiki” Camarena en 1985.
Según el comunicado oficial, los capos enfrentan cargos por crimen organizado, narcotráfico, asesinato, uso ilegal de armas y lavado de dinero. La fiscal general Pamela Bondi aseguró que “serán procesados con todo el peso de la ley”, y no descartó la posibilidad de la pena de muerte para algunos de ellos.
El gobierno de México aclaró que estas extradiciones forman parte de un acuerdo bilateral y que seguirán coordinando acciones contra el narcotráfico con Washington, pero sin comprometer la soberanía del país.
Mientras tanto, Trump dejó en claro que, a pesar de la entrega de los 29 capos, seguirá exigiendo más.