Morelia, Mich.- La explosión de un coche bomba en Michoacán sembró caos entre los habitantes de Coahuayana. La detonación dejó a varios heridos y causó la pérdida de negocios, así como daños psicológicos. Testimonios señalan que el atentado fue dirigido a las policías comunales, pero afectó también a civiles, incluido un grupo de niños.
Guadalupe, una de las víctimas, menciona que su paletería quedó destruida. La explosión fue tan repentina que apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que todo su entorno se derrumbara sobre ella. Relató cómo, al encontrar a sus hijos entre los escombros, salieron juntos mientras lidiaban con el impacto de la tragedia y restos humanos en la calle.
El gobierno mexicano ha descartado que el suceso se considere un acto de terrorismo. Según el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, el incidente no cumplía los criterios de un atentado terrorista, ya que no perseguía un objetivo político, ideológico, religioso o social, sino más bien ampliar actividades delictivas.
El ataque ha sido atribuido a una célula delictiva vinculada a cárteles que operan en la región. Se especula que el propósito de la explosión era consolidar el control del territorio para el trasiego de drogas y otras actividades ilícitas. El incidente familiariza a los residentes con la violencia generada por estos grupos en Michoacán.
