Veracruz, Ver.- La usanza agitada de la rutina matinal en Veracruz, teñida por el reclamo ahogado de los cláxones en espera, se detuvo abruptamente. Una oleada de indignación con forma de taxis paralizó arterias centenarias de la ciudad. Desde la cerradura que significó el bloqueo sobre la avenida Fidel Velázquez, el canto de las sirenas del descontento retumbaba como eco de un pueblo que rechaza los cambios. Los hombres del volante, antagonistas en esta historia, exigían ser escuchados.
La gobernadora Rocío Nahle García, con la tinta aún fresca de su firma en el decreto de regulación tarifaria, veía cómo su mandato creado para ordenar, suscitaba desorden. Los taxistas bloquearon, desafían y piden. Horizonte de motores y palabras que se cruzan. “Las nuevas tarifas: punto de ruptura”, decían sin palabras esos hombres.
Pero no solo la gran avenida del norte veracruzano sentía la mordida del descontento. Hacia el poniente, la carretera federal que une Veracruz con Xalapa se convertía en otra escena de la manifestación. Como si la ciudad, herida, respirara una bocanada de obstinación. El puente sobre el río Jamapa, como arteria constricta, añadió al cuadro general la frialdad de su causa: tarifas entre 41.50 y 52 pesos.
Los precios publicados en la Gaceta Oficial resonaban arrogantes. Primer perímetro: 41.50 pesos. Desde el corazón histórico hacia esos pulmones citadinos representados por bulevares, avenidas y más. Segundo pentagrama de conflicto: 45.50 pesos extendiéndose desde la colonia centro como un río desbocado hasta más allá del rumor del mar. Tercer perímetro: las 52 piezas que componen el rostro de una inconformidad, donde la ruta toca el Hospital General de Zona.
Las organizaciones de taxistas, con Servicio de Taxis de la Central de Autobuses de Veracruz (Sertacaver) al frente, modelan su descontento con llamas invisibles. Raúl Mendoza Alducin y su plétora de voces insisten en que las tarifas, inspiración de discordia, amenazan sus bolsillos. Cada protesta es un eco del pasado en busca de eco en el presente.
“Diálogo inefable con la ausencia”, piensan, mientras exigen presencia gubernamental. Los bloqueos como manuscritos de un desacuerdo que busca tinta nueva. Advierten. Claman por renegociación. La sombra del diálogo perdido, la esperanza de una solución posible.
En la radio quedaba la constancia, siempre fría, del caos dibujado en cada rincón de la ciudad. Imagen de espera, sonido de desacuerdo. El tráfico, como un río eterno, varado, encuentra en su inmovilidad la metáfora perfecta de un tiempo de incertidumbres.
