Desde su llegada al poder, Pedro Miguel Rosaldo ha sido una figura controvertida, presentando logros que no convencen a quienes sufren por deficiencias en servicios básicos y la escalada de violencia en Coatzacoalcos. Su gestión ha sido acusada de priorizar la imagen sobre las necesidades reales de la población.
Vecinos de numerosas colonias han manifestado su descontento mediante bloqueos de calles, exigiendo agua potable que no llega a sus hogares por semanas. Estos actos muestran un profundo descontento con la administración actual, que debe enfrentar el clamor social cada vez más insistente.
Entre mantener su imagen pública y enfrentarse a la presión popular, Rosaldo ha implementado una serie de acciones, aunque la efectividad de estas es cuestionable. La seguridad sigue siendo un talón de Aquiles, con múltiples incidentes violentos mostrando el crudo panorama de la ciudad.
El alcalde presume haber aumentado los recursos municipales y reducido gastos, sin embargo, algunos aseguran que estas cifras esconden una falta de transparencia y conexiones turbias con antiguos funcionarios.
Las políticas de gasto en obras públicas no escapan a la crítica. La administración de contratos a conocidos de influencias cercanas ha despertado sospechas de favoritismo y corrupción. La transparencia en estos manejos es demandada por sectores de la sociedad civil.
El entorno del alcalde no es ajeno a los escándalos. Personajes cercanos a la administración son señalados por prácticas corruptas, como el presunto cártel inmobiliario que opera gracias a la complicidad de altos funcionarios designados por el propio Rosaldo.
El cambio político en la ciudad también refleja el salto de figuras como Elvis Ventura a otros partidos, en busca de nuevas oportunidades, lo que genera incertidumbre sobre la lealtad y estabilidad política en la región.
La movilización social y las acciones de protesta están marcando un giro en el gobierno local, forzando al alcalde y su equipo a enfrentar críticas que trascienden el juego mediático y afectan la administración diaria de la ciudad. La realidad, incómoda y persistentemente ignorada, se impone con una fuerza que amenaza con desmoronar las defensas construidas sobre papel.”


