Coatzacoalcos, Ver.- En una mañana de lúgubre presagio, la Secretaría de Marina confirmó la tragedia: el asesinato de Roxana Berenice Guzmán Ramírez, una comunicadora radicada en el municipio de Nanchital, secuestrada bajo las sombras sofocantes de junio.
Como un relámpago que disuelve la oscuridad, la detención de José “N”, con el mote escalofriante de “Delta 7”, marcaría el principio de este áspero desenlace.
La captura del malhechor sucedió en el corazón de Coatzacoalcos y sacudió al sur de Veracruz Allí, entre operaciones de inteligencia orquestadas por la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz, José “N” fue aprehendido y poco después llevó a las autoridades al lugar del infausto desenlace —bajo la vigilia de navales y otras fuerzas de seguridad.
“Delta 7” confesó el sitio del asesinato. Los peritos aguardan mientras resguardan el lugar.
A la par, se dio a conocer la aprehensión de cuatro elementos de la Policía Municipal de Ixhuatlán del Sureste, incluido su comandante. Oficialmente no se le vincula al caso Roxana, ex directora del portal Pulso Informativo del Sureste, pero en fuentes allegadas a la Fiscalía de Veracruz se les relaciona con el secuestro y muerte de la periodista.
El periplo de Roxana Guzmán hacia la muerte había iniciado el 2 de junio en un rincón de Nanchital, Veracruz. Aquel día, fue arrancada de su hogar, capturada entre escombros de su propia puerta, que fue destruida a golpe de marro, y llevada con rumbo desconocido.
Todo quedó en manos de la Fiscalía de Veracruz y ahí inició el camino incierto, aprehendiendo en Nanchital a cuatro sujetos que nada tenían que ver, siendo liberados tres de ellos por un juez.
En el día 12 del caso Roxana, se anunció que la Fiscalía General de la República había atraído la investigación. Quedaba a cargo de la Fiscalía Especial para Delitos Contra la Libertad de Expresión y desde las sombras, en manos del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno federal, Omar García Harfuch.
Familiares notaron su frustrante letargo
Justicia se siente distante, reclamaban los familiares de Roxana Berenice Guzmán. Nunca vieron interés de la Fiscalía de Veracruz.
Ante ello, Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre, Fiscal del Estado, aclaró: “No significa el desinterés de nuestra parte. Analizamos cada hebra social y familiar que teje este infortunio”.
Mientras tanto, la Fiscalía Especial para Delitos Contra la Libertad de Expresión irrumpió en escena, decidida a vestirse de rigor y a rozar los márgenes de lo imposible para que la voz de Guzmán jamás sea callada por la arbitrariedad del poder o el temor de las represalias.
El telón no ha caído aún, pero la sombra de la injusticia persiste, danzando como un eco en las paredes de un teatro que pide a gritos claridad y honor. La verdad aún está por revelarse más allá de esa puerta entreabierta, donde la justicia tantea cada paso.
