Ciudad de México.- Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano desafió al poder, rompió con el PRI, enfrentó a la maquinaria electoral del régimen y encabezó aquella rebelión cívica de 1988 que hizo tambalear al sistema político mexicano.No ganó la Presidencia. Ganó algo que acaso resultó más trascendente: abrió una grieta en el viejo régimen. De aquella lucha nació el PRD y comenzó a trazarse el camino que, tres décadas después, llevaría a la izquierda a Palacio Nacional.
Fue candidato presidencial en tres ocasiones —1988, 1994 y 2000—, pero nunca consiguió ganar una elección federal. Su mayor victoria llegó en 1997, cuando se convirtió en el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido mediante el voto popular.
Y su mayor logro, convertirse en una figura central de la transición democrática mexicana.
Desde aquella posición, la izquierda comenzó a construir una plataforma política y territorial que después aprovecharían Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum. Sin embargo, el reconocimiento de su papel histórico no impidió que Cárdenas cuestionara a los gobiernos surgidos de ese movimiento.
La paradoja de su trayectoria es que el dirigente que ayudó a abrirle las puertas del poder a la izquierda terminó poniendo en duda que quienes llegaron al gobierno representaran los principios por los que había luchado.
La ruptura que cimbró al PRI
La carrera política de Cárdenas comenzó dentro del Partido Revolucionario Institucional (PRI), organización que durante décadas concentró el poder político y controló los principales mecanismos de sucesión presidencial.
Fue senador por Michoacán en 1976, ocupó responsabilidades en la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos y gobernó esa entidad entre 1980 y 1986.
Su trayectoria parecía seguir la ruta tradicional del priismo. Sin embargo, al concluir su administración estatal comenzó a cuestionar las decisiones de la dirigencia nacional y, particularmente, el mecanismo mediante el cual el presidente en turno designaba a su sucesor.
A mediados de los años ochenta, México atravesaba una crisis económica, endeudamiento y un viraje hacia políticas de ajuste que modificaban el modelo de desarrollo del Estado posrevolucionario.
En ese escenario, Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez impulsaron la Corriente Democrática dentro del PRI. Exigían democratizar la selección de candidatos y recuperar los principios del nacionalismo revolucionario.
La designación de Carlos Salinas de Gortari como candidato presidencial para 1988 precipitó la ruptura.
Cárdenas abandonó el partido en el que había construido su carrera y encabezó una oposición que reunió a antiguos priistas, organizaciones de izquierda, movimientos sociales y ciudadanos inconformes con el rumbo económico y político del país.
La disputa dejó de ser una inconformidad interna y se convirtió en el mayor desafío electoral que había enfrentado el régimen priista en décadas.
1988: la elección que marcó una generación
Postulado por el Frente Democrático Nacional, Cárdenas consiguió articular una coalición opositora con presencia nacional. La elección del 6 de julio de 1988 terminó marcada por la interrupción del sistema de cómputo electoral, conocida como la caída del sistema, y por las denuncias de fraude.
Carlos Salinas de Gortari fue declarado ganador. Cárdenas desconoció la legitimidad del resultado y encabezó movilizaciones para exigir el respeto al voto.
La elección dejó al descubierto las limitaciones de un sistema político en el que las instituciones electorales permanecían estrechamente vinculadas al gobierno federal.
Aunque no llegó a la Presidencia, Cárdenas consiguió convertir a la oposición en una fuerza con capacidad real de disputar el poder. El movimiento también modificó la relación entre las distintas expresiones de la izquierda mexicana, hasta entonces fragmentadas en partidos, organizaciones y movimientos sociales.
La movilización desembocó en 1989 en la fundación del Partido de la Revolución Democrática. El PRD reunió a integrantes de la Corriente Democrática, organizaciones de izquierda y sectores sociales que buscaban construir una alternativa al PRI.
Cárdenas se convirtió en su principal referente. Desde esa organización comenzó a proyectarse una generación de dirigentes que posteriormente ocuparía gobiernos estatales, espacios legislativos y posiciones de relevancia nacional.
Entre ellos estaba López Obrador, quien desarrolló buena parte de su carrera política dentro del partido fundado por el ingeniero.
La conquista de la Ciudad de México
El 6 de julio de 1997, Cárdenas obtuvo una victoria histórica. Por primera vez, los habitantes del Distrito Federal eligieron mediante el voto popular a su jefe de Gobierno, después de décadas en las que el presidente de la República tenía el control de la designación del titular de la administración capitalina.
El candidato del PRD ganó la elección y llevó a la izquierda al gobierno de la capital.
El resultado coincidió con otro golpe al predominio priista: el partido gobernante perdió por primera vez la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.
Cárdenas permaneció en el cargo hasta 1999, cuando renunció para competir nuevamente por la Presidencia. Rosario Robles lo sustituyó y, en 2000, López Obrador ganó la elección para encabezar el gobierno capitalino.
Después llegarían Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera y Claudia Sheinbaum.
La Ciudad de México se convirtió en el principal bastión de la izquierda y en una plataforma para construir los liderazgos que terminarían disputando el gobierno federal.
En 1994, Cárdenas había competido por segunda ocasión por la Presidencia, en una elección marcada por el levantamiento zapatista y el asesinato del candidato priista Luis Donaldo Colosio. Ernesto Zedillo obtuvo el triunfo.
En 2000 volvió a contender, pero el ganador fue Vicente Fox, candidato del PAN, quien terminó con 71 años de gobiernos encabezados por el PRI y sus antecesores.
La alternancia presidencial no significó todavía la llegada de la izquierda al gobierno federal. Ese objetivo quedaría en manos de López Obrador.
López Obrador: del reconocimiento al distanciamiento
La relación entre Cárdenas y López Obrador estuvo marcada por acercamientos y diferencias. El ingeniero no respaldó públicamente al tabasqueño durante el conflicto del desafuero de 2005 ni se sumó al plantón de Paseo de la Reforma después de la elección presidencial de 2006, cuando López Obrador denunció fraude electoral tras la victoria de Felipe Calderón.
Las diferencias reflejaban distintas concepciones sobre la estrategia política y la relación con las instituciones.
En 2011 ambos volvieron a acercarse mediante la firma de un pacto de unidad, pero el proceso de reorganización de la izquierda continuó. López Obrador impulsó Morena y Cárdenas comenzó a distanciarse del PRD.
El 25 de noviembre de 2014, el ingeniero presentó su renuncia al partido que había fundado. Su salida tuvo un peso simbólico: el principal referente histórico del perredismo abandonaba una organización que había nacido de la movilización democrática de 1988.
Cuatro años después, el 1 de julio de 2018, López Obrador ganó la Presidencia de la República.
Dos días después, el presidente electo recibió a Cárdenas en su casa de campaña, en la colonia Roma de la Ciudad de México. El encuentro tuvo una carga política evidente: el dirigente que había encabezado la ruptura con el PRI y disputado tres veces la Presidencia acudía a felicitar al hombre que finalmente había conseguido el triunfo.
López Obrador reconoció su aportación al movimiento que había llevado a Morena al poder.
“El ingeniero Cárdenas, como otros dirigentes sociales, políticos, fueron los precursores de este movimiento. Y gracias a ellos y a muchos otros mexicanos se logró este triunfo para iniciar la cuarta transformación de la vida pública de México”, declaró.
Cárdenas expresó su deseo de que el resultado se tradujera en cambios positivos para el país. No buscó incorporarse al gabinete presidencial. Su hijo, Lázaro Cárdenas Batel, sí se integró al equipo de López Obrador como coordinador de asesores.
La izquierda bajo cuestionamiento
El reconocimiento de López Obrador no significó que Cárdenas compartiera el proyecto de gobierno. Desde antes de que comenzara el sexenio, el ingeniero planteó dudas sobre la orientación económica, la seguridad pública y la capacidad de la nueva administración para reducir la desigualdad.
En diciembre de 2019, en una entrevista con el diario español El País, cuestionó la identidad ideológica de Morena y sostuvo que no conocía con claridad sus propuestas para impulsar el crecimiento económico, reducir la desigualdad y definir una política exterior.
También puso en duda que López Obrador representara los principios del cardenismo.
Para el ingeniero, esa tradición política implicaba defender la soberanía nacional, mejorar las condiciones de vida de la población y mantener una política internacional basada en relaciones más equitativas.
Las diferencias continuaron. En 2021 cuestionó que México tuviera un gobierno de izquierda, aunque reconoció que algunas de sus políticas sociales podían identificarse con esa corriente.
El crecimiento económico, la pobreza y la desigualdad estuvieron entre sus principales preocupaciones. También criticó la participación creciente de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública y defendió el fortalecimiento de instituciones policiales civiles.
La expansión territorial del crimen organizado y la persistencia de la violencia fueron otros de los asuntos sobre los que expresó preocupación.
En abril de 2022 defendió la autonomía del Instituto Nacional Electoral frente a las propuestas de reforma impulsadas por el gobierno federal.
Su postura tenía una carga histórica: provenía de uno de los dirigentes que habían enfrentado al sistema priista por el control gubernamental de las elecciones.
El episodio de Mexicolectivo
Las diferencias llegaron a un punto de tensión en enero de 2023, cuando el nombre de Cárdenas apareció relacionado con Mexicolectivo, una plataforma impulsada por dirigentes políticos y representantes de distintos sectores.
López Obrador lo calificó como adversario político, aunque reconoció su trayectoria y su papel como precursor del movimiento democrático.
Claudia Sheinbaum, entonces jefa de Gobierno de la Ciudad de México, también intervino en la polémica al señalar que Cárdenas había decidido en qué espacio político quería ubicarse.
El ingeniero aclaró que había dejado de participar en la elaboración de la iniciativa por consideraciones políticas y que no había convocado a su presentación.
Un día después, López Obrador rectificó. Dijo que respetaba y quería al ingeniero, a quien reconoció nuevamente como precursor del movimiento democrático.
“Yo lo quiero mucho, pero además lo respeto porque es precursor del movimiento democrático”, expresó.
El episodio exhibió las diferencias entre el fundador del PRD y una generación política que había construido su poder a partir de las luchas democráticas de finales del siglo XX.
