Xalapa, Ver.- La lucha por el poder en Veracruz toma un nuevo giro con la entrada en escena de Javier Herrera y Eric Cisneros, quienes apantan a competir por hacerse de un escaño en la diputación federal del distrito de Cosamaloapan. Esta disputa promete sacudir el panorama político estatal en 2026.
Javier Herrera, hijo del exgobernador Fidel Herrera Beltrán, es el candidato potencial de la coalición entre el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y Morena. Su candidatura amenaza con influir en las dinámicas internas de esta coalición y tensionar aún más su frágil alianza.
Mientras tanto, Eric Cisneros, conocido por su perfil controversial y sus raíces en Otatitlán, representaría al Partido del Trabajo (PT). Su candidatura se ve como un desafío directo a la hegemonía de los partidos actuales, ofreciendo un liderazgo alternativo más arraigado en el estado.
La actual gobernadora, Norma Rocío Nahle García, observa estos movimientos. Javier Herrera, de lograr su meta, podría posicionarse como el contendiente natural del PVEM a la gubernatura de Veracruz en las elecciones de 2030, poniendo en riesgo una futura coalición Morena-Verde-PT contra la oposición.
El papel de Eric Cisneros no se queda atrás; su proclamada ventaja de ser veracruzano de origen lo distancia de Nahle, cuyo origen zacatecano es subrayado por sus adversarios. Las rivalidades territoriales y políticas se cruzan, poniendo de relieve viejas desconfianzas y alianzas estratégicas.
La amenaza potencial de litigios impulsados por la gobernadora contra Cisneros destapa una caja de Pandora que podría tener repercusiones mucho más allá de su competencia con Herrera. Según confidencias de Cisneros, él asegura poseer información comprometedora sobre Nahle, lo que podría transformar el conflicto político en una lucha cargada de revelaciones.
“Yo le sé más cosas a Rocío que las que Rocío me sabe a mí”, presume Eric Cisneros.
A medida que se acercan las elecciones de 2026, el ambiente político en Veracruz se agita con estas confrontaciones. Tanto Herrera como Cisneros encarnan fuerzas políticas y personales, reflejando un mapa de poder donde las alianzas pueden cambiar rápidamente ante el más mínimo movimiento inesperado.
La lucha por el control del distrito de Cosamaloapan es solo el preludio de batallas políticas aún mayores que desafiarán a los partidos actuales y su capacidad para navegar en un contexto de lealtades inestables y rivalidades enraizadas.


