Ciudad de México.- Desde el inicio del proyecto Corredor Interoceánico en 2019 bajo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) había identificado deficiencias en la planeación de la Línea Z del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca. Estas deficiencias se hicieron evidentes tras un accidente reciente que cobró 13 vidas.
Según la ASF, el tramo entre Mogoñé y La Mata presentaba peligros por “pendientes y curvaturas muy elevadas” que afectaban la alineación de la vía. Además, el proyecto se había lanzado apresuradamente sin estudios completos, resultando en una ejecución marcada por irregularidades en las contrataciones iniciales.
El contrato inicial con Daniferrotools fue cancelado por la premura y falta de planificación, exacerbadas por la complejidad de la obra y las limitaciones presupuestales del ejercicio fiscal. Sin embargo, los problemas persisten, ya que no se ha solventado en su totalidad la serie de irregularidades desde el arranque del proyecto.
Nuevos contratos fueron adjudicados en la segunda etapa de rehabilitación, destinados a corregir pendientes y curvaturas críticas para mejorar la operación y la seguridad. A pesar de ello, se reportan inconsistencias financieras por falta de evidencia de uso de maquinarias y conceptos no previstos, sumando potenciales daños a la Hacienda pública.
El proceso opaco y las decisiones apresuradas han comprometido uno de los proyectos emblemáticos del gobierno, que busca modernizar vías clave para aumentar la carga de mercancías entre los océanos Pacífico y Atlántico. Sin embargo, sigue bajo la lupa por su falta de transparencia y seguridad.
