Coatepec, Ver. — Con la mirada ida y los pasos tambaleantes, Manuel “N”, alias “La Mole”, caminaba por la colonia 22 de Septiembre con una bolsa de mandado entre las manos. Iba goteando sangre. Iba cargando una cabeza humana.
A plena luz del sábado, vecinos de Las Palmas lo vieron cruzar calles con la bolsa abierta. Dicen que en un momento la sacó, la cabeza, y la sostuvo por los cabellos. Algunos pensaron que era una broma macabra. Otros, que era real. Llamaron a la policía.
Minutos después, agentes municipales lo interceptaron en Constitución y Zamora. El hombre soltó la bolsa sobre el asfalto, en la calle Camino a las Haciendas, cerca de una embotelladora. Intentó correr. No llegó lejos.
Durante el interrogatorio inicial, “La Mole” confesó. Dijo que él mismo asesinó al hombre, lo decapitó y salió a la calle con su cabeza. Dio la ubicación del resto del cuerpo: un paraje solitario conocido como La Gachupina. Ahí fueron los peritos. Ahí estaba el cadáver, desmembrado.
Las primeras versiones apuntan a una noche de borrachera, drogas y violencia. El agresor y su víctima, un hombre de 65 años, se conocían. Compartieron copas entre viernes y sábado. Algo ocurrió. Una pelea, una explosión. Y después, la muerte.
El gobierno municipal de Coatepec confirmó la detención y pidió “mantener la calma”. En un comunicado, descartaron vínculos con el crimen organizado. Dijeron que se trataba de “un hecho individual” y “circunstancial”.
Pero entre vecinos, la historia del detenido no es nueva. Le conocen por robos menores, pleitos en la vía pública, consumo de piedra y resistencias ante la policía. “Siempre ha estado mal”, dijo uno de los vecinos.
Videos de cámaras de seguridad y teléfonos celulares lo muestran caminando con la bolsa, empapado en sangre. Las imágenes ya forman parte de la carpeta de investigación que integra la Fiscalía General del Estado.
“La Mole” fue puesto a disposición del Ministerio Público. Su situación jurídica se determinará en las próximas horas. Por ahora, la escena del hombre con la cabeza por la calle ya quedó grabada en la memoria de Coatepec. Como una postal brutal de lo que se dice un pueblo mágico… hasta que deja de serlo.
