Ciudad de México, México a 03 de Junio del 2021. Carla Astrid Humphrey Jordan, consejera electoral del Instituto Nacional Electoral (INE). Fotografías Octavio Hoyos/Grupo Milenio.
Ciudad de México.- El voto de Carla Humphrey, consejera del Instituto Nacional Electoral (INE), fue el que inclinó la balanza. Pese a que la mayoría del Pleno del Consejo General documentó irregularidades graves en la elección del pasado 1 de junio —boletas planchadas, urnas infladas, votaciones en masa por un solo candidato y acordeones circulando como en los peores tiempos del PRI hegemónico—, su sufragio permitió declarar válida la primera elección popular de ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Fue el voto traidor.
Humphrey, esposa de Santiago Nieto, ex titular de la Unidad de Inteligencia Financiera y figura cercana a Morena, quedó en el centro de una decisión que, en el fondo, legitima un proceso plagado de prácticas opacas. Su voto se suma a otros que, en semanas recientes, han permitido desmontar —paso a paso— al Poder Judicial: el de Miguel Ángel Yunes Márquez para dar la mayoría calificada a Morena en el Senado, o el del ministro Alberto Pérez Dayán, que rechazó declarar inconstitucional la Reforma Judicial.
Los tres casos, en instancias distintas, tienen algo en común: un solo voto bastó.
La fractura interna del INE
La sesión del Consejo General del INE fue todo, menos tersa. Durante más de tres horas, los consejeros esgrimieron argumentos, cifras, denuncias y diagnósticos que, en otras circunstancias, hubieran bastado para anular la elección. El consejero Jaime Rivera fue claro: “Encontrar esas evidencias fue como viajar al pasado”. A su lado, Dania Ravel hablaba de prácticas como “ratón loco” y “urnas embarazadas” que creía enterradas. Claudia Zavala calificó lo ocurrido como “lamentable” y denunció una operación organizada, probablemente financiada con recursos de origen desconocido.
Pero ni la claridad ni la contundencia sirvieron de contrapeso ante la aritmética política.
El “acordeón” como modelo operativo
Uno de los elementos más discutidos fue el uso del llamado “acordeón”, un listado entregado a votantes para inducir sufragios en favor de determinadas candidaturas. El consejero Martín Faz fue directo: “En el 61.74% de las casillas, entre seis y nueve de los ganadores coincidieron con los nombres en los acordeones. Eso no es coincidencia, es operación”.
Arturo Castillo, por su parte, planteó una postura intermedia: no declarar la validez (sin declarar la invalidez) y dar vista al Ministerio Público. “Hay una duda razonable sobre este proceso”, sostuvo.
La línea dura
Del otro lado, la defensa fue cerrada. La consejera presidenta Guadalupe Taddei sentenció: “Tuvimos un proceso electoral excelente. El INE cumplió y cumplió bien”. Minimizaron el problema: 818 casillas irregulares frente a más de 80 mil, fue el argumento principal del bloque que votó por validar.
Humphrey fue una figura ambigua en la sesión. Su intervención pareció ir en el sentido de la crítica: habló de “casillas con altísima participación”, boletas sin dobleces, desaparición de listados nominales, paquetes electorales robados y hasta caligrafía uniforme en distintas boletas. Pero terminó votando por la validez.
El poder de uno
En un consejo dividido —cinco consejeros pedían no validar; seis, sí—, el voto de Carla Humphrey fue decisivo. Así, pese a los signos de una elección viciada de origen, se impuso el relato de la “normalidad democrática”.
A partir del 1 de septiembre, los nuevos ministros asumirán su cargo en la SCJN. Su legitimidad, sin embargo, nace herida.
