Ciudad de México.- La llamada “primera elección judicial de la historia” terminó en lo que muchos vieron venir: una jornada marcada por el abstencionismo masivo, casillas vacías, y una legitimidad tambaleante. Ni la maquinaria de Morena, ni la movilización de funcionarios, ni los llamados al “pueblo” bastaron para convencer a la ciudadanía.
Según cifras del INE dadas a conocer la noche del domingo, apenas entre el 12.5 y el 13.3 por ciento del electorado acudió a las urnas. Una participación que representa apenas unos 13 millones de votos, muy lejos de los 35.9 millones que recibió Claudia Sheinbaum en 2024. Más de 22 millones de electores simplemente decidieron no repetir el respaldo.
“Éxito” según Sheinbaum, fracaso para las urnas
A pesar de la tibia participación, la presidenta Claudia Sheinbaum calificó la jornada como “un éxito”. Según su narrativa, la elección judicial forma parte del mandato popular recibido un año atrás. Pero los números no cuadran. En la práctica, ni siquiera se alcanzó el nivel de la revocación de mandato de López Obrador en 2022, donde hubo un 17.5 por ciento de participación.
La diferencia es clara: aquella vez, Morena se volcó con todo. Esta vez también, pero el desinterés ciudadano pesó más que cualquier estructura electoral.
Las urnas vacías, los parques llenos
Desde la mañana, Morena sacó a pasear a todo su aparato. Votaron Sheinbaum, López Obrador, Luisa María Alcalde, Clara Brugada y otros tantos. Se reportaron brigadas, listas de “acordeones” con instrucciones de voto y transporte para simpatizantes. Aun así, las casillas lucieron desiertas durante casi toda la jornada.
En Iztapalapa, bastión obradorista y cuna política de Brugada, los centros de votación estuvieron semivacíos. En la sección 2577, donde se esperaba mil votantes, a media tarde habían llegado apenas 300. En la sección 2600, sólo un centenar.
Ni siquiera la presencia de Clara Brugada logró animar el ambiente. Votó cerca de su casa en San Miguel Teotongo. La gente se acercó un momento, sacó fotos, y después el lugar volvió al silencio.
Mientras tanto, los mercados estaban llenos. Los puestos de carnitas y barbacoa trabajaron a ritmo de domingo. Los niños jugaban en los parques. La ciudad siguió su vida, ajena al llamado judicial.
Voto judicial entre el tedio y la desconfianza
“Fue baja la afluencia”, reconoció Pamela Lobato, presidenta de casilla. “Teníamos todo para mil personas, llegaron menos de 300”. Otros funcionarios dijeron lo mismo: urnas vacías, largas horas de espera, y una sensación de aburrimiento electoral.
La jornada transcurrió sin filas, sin urgencia, sin esa tensión que se respira en las grandes elecciones. Apenas hubo incidentes: el INE reportó robo de boletas y violencia en 16 casillas —en Chiapas, Michoacán y Sinaloa— pero en general, la votación se dio en paz. O al menos, en silencio.
¿El pueblo votó?
La baja participación dejó en entredicho la narrativa oficial de que el pueblo respalda la reforma judicial. Las cifras no mienten. En la práctica, 87 por ciento de los mexicanos decidieron no votar. Por apatía, desconocimiento o desconfianza. O simplemente porque no les interesó.
Y eso, en política, también es una decisión.
